En no pocas ocasiones debes haber escuchado la expresión “el ejercicio es medicina”, pero en esta ocasión y avalados por la ciencia podemos escribir “el ejercicio es la mejor medicina”, te preguntarás por qué motivo la contundencia de esta expresión, con lo que paso a enumerar los motivos, que no son pocos:

miles de artículos de alto impacto científico colocan al ejercicio físico como estrategia de bajo coste (comparado con costes típicos de la industria farmacéutica), nulos efectos secundarios negativos y de positivo efecto sobre la prevención y tratamiento de múltiples enfermedades, por citar algunas, la hipertensión arterial, la obesidad o la diabetes.

 

Una vida físicamente activa y un programa de ejercicio físico diseñado por el adecuado profesional, educador físico, tiene efectos positivos sobre el sistema cardiorespiratorio, esto ayudará a prevenir y tratar enfermedades como la enfermedad coronaria, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardiaca o la trombosis venosa. También tiene efectos positivos sobre nuestro sistema nervioso, con lo que afecta positivamente a enfermedades como la ansiedad, la depresión o la disfunción cognitiva. Sobre el sistema inmune, con lo que se ven beneficiados el dolor crónico o la artritis reumatoide. Sobre nuestro sistema endocrino, como decíamos, la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, la obesidad o la resistencia a la insulina tienden a perder la batalla frente a personas que mejoran día a día su forma física con la dosis adecuada de ejercicio físico. Sobre el cáncer de colon, el cáncer de mama o el cáncer de endometrio las publicaciones en PubMed son cada vez más numerosas y con mayor evidencia científica.

No tengamos la menor duda, el sedentarismo mata. Y una vida físicamente activa o un programa de ejercicio físico adecuadamente prescrito son la vía más útil, económica y reconfortante para alejarnos de la enfermedad.

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